Siempre latiendo, latiendo un corazón de amor sin dueño, como un viejo perdedor que invierte su rabia en una búsqueda burdamente significante, y tocando sigilosamente la textura de un lápiz, empieza a escribir algo que le pasa por delante. Sí, con sigilo y con rabia, sentado en un precioso acantilado que te da licencias suficientes para poder divisar las nubes que se acercan lentamente, blindadas y coloreadas por los últimos rayos del sol. Aquel que se empieza a ir para dar paso a la mujer que nunca tuvo, la luna, menos luminosa que él, pero más visible, más, más lo que pueda ser pero que seguramente es.
Derramar lo sueños con la luna si algún día no la tienes. Pero parece tan fácil coger una cuerda, lanzarla hacia arriba y conseguir traerla hacia ti. Sí, a aquella que a tantos humanos a transformado en lobo, y a aquella que ahora disfruta desde arriba viendo como dichos lobos devoran a los más "fuertes".

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Janet