13 jun 2010

Bar de miedia noche

Apagué la voz de Elvis en la radio de mi recién adquirido Cadillac, en el primer kilómetro de la carretera que llevaba a Dallas. Me bajé del coche dando un portazo. Yo era bastante joven por entontes, pero no me faltaba valor, aunque sí algo de escrúpulos. Entré en aquel repugnante motel de carretera, decorado a la americana antigua, con alguna cucaracha como compañía. Pasaban las doce de la medianoche, pero el calor era asfixiante. Cómo no, otra vez mi amigo Bill babeando por la delantera de la hermosa camarera.
-¿Qué pasa Bill? ¿Cómo va todo tío?-le dije sentándome en el taburete. ¿Babeando cómo de costumbre por la camarera?-le dije al oído.
-Si tú supieras Allan... Llevo mucho tiempo queriéndole decir algo, me atrapa mucho, pero no me atrevo joder, para regatear dos tragos con el dueño tengo cojones... Pero delante de ella, se me bloquea todo... Así me va todo.-dijo algo ebrio de tanto whiskey.
-¡Pero si ni la conoces! Lo que tienes que hacer es intentar conocerla un poco más, ¿Sabes? Llévatela al cine, acércala a casa, dile cosas bonitas, que eso siempre gusta.-le dije compasivo viendo que estaba a punto de echarse a llorar como un niño.
-¿Estás loco?-gritó mi amigo- ¡Nunca se fijaría en un tipo como yo, sólo tienes que verme!-dijo algo resignado.
-Tranquilo Bill, tranquilízate, ¿Quieres? Mira, sólo hay dos formas, lanzarse a la carretera y que te atropellen, o cruzar por el paso de cebra tranquilamente... pero ahora no estás para nada de esto, estás borracho cabrón, así que te llevaré a casa.
-¡No! Ya lo llevo yo, me encantaría.-dijo la camarera con una sonrisa en su rostro.
No me negué ante el atrevimiento de la chica, no me interpuse al destino. Salí del bar, y encendí la voz de Elvis, era una noche preciosa. 


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Janet